El verdadero desafío de los colegios de gestión privada: Pañuelos verdes, conciencia crítica.
El lamentable incidente que acaba de ocurrir en el colegio St Martin in the Fields, y en otros (https://www.pagina12.com.ar/128864-un-color-que-se-volvio-peligroso), pone en el centro de la escena de la educación, otra vez, al objetivo por excelencia: la formación de ciudadanos críticos.
El título de la nota busca destacar lo que sabemos, a pesar de que su reducción a "colegios privados" muchas veces lo busca ignorar. Todos los colegios son públicos, (gestionados por el Estado o por un ente o persona privada), y por lo tanto deben seguir los (mínimos) lineamientos establecidos por el Estado, que lo hace en nombre de la sociedad toda. Pero aún si fueran, efectivamente, privados, y pudieran decidir todos sus objetivos de enseñanza, hay ciertos enunciados básicos que hasta los más conservadores entre ellos igualmente pregonan: la formación de ciudadanos con ideas propias, pensantes, críticos, algo sólo denostado por alguna postura ultra oficialista (https://www.lanacion.com.ar/1968830-alejandro-rozitchner-el-pensamiento-critico-es-un-valor-negativo).
Ahora, ¿cómo llevar el debate al aula? Hay una única manera, escuchando todas las voces. Leyendo todos los diarios, valorando todas las opiniones. Pero eso necesita, primero, entender que el debate está en el aula, mucho antes de que lo llevemos. Los adolescentes están expuestos al debate. No querer que se produzca en el aula es simplemente querer, justamente, abortarlo.
Esto tiene, en muchos casos, un objetivo claro. En muchos colegios de gestión privada hay una opinión, llamémosle mayoritaria, más osadamente se podría llamar de clase, respecto de varios temas. Que no sólo incluyen la posición sobre el debate acerca de la legalización de la práctica del aborto en forma segura y gratuita. Van desde una visión de la historia argentina hasta una concepción de la naturalidad de la realidad económica. Pero que hoy muestran en el debate de los pañuelos un punto central.
Dejar ese debate afuera del aula, pretender dejarlo afuera a la fuerza, es en el mejor de los casos lavarse las manos para permitir que esa opinión familiar se naturalice, en otros es defenderla abiertamente. Ocultar un debate es, SIEMPRE, tener una posición sobre él.
En una película de 1995, El Presidente y Miss Wade (The american president), de Rob Reiner, Michael Douglas, interpretando al Presidente de Estados Unidos, dice: "¿Quieren libertad de palabra? Entonces reconozcamos y valoremos a alguien cuyas palabras harían tu sangre hervir, y permitamos que se pare en el centro de la escena para pregonar aquello a lo que te has opuesto toda tu vida... Muéstrenme eso, celebren eso en sus aulas."
Prohibirle al docente llevar un debate es prohibirle la razón de su trabajo. Y es negar la razón fundamental por la que educamos.
El título de la nota busca destacar lo que sabemos, a pesar de que su reducción a "colegios privados" muchas veces lo busca ignorar. Todos los colegios son públicos, (gestionados por el Estado o por un ente o persona privada), y por lo tanto deben seguir los (mínimos) lineamientos establecidos por el Estado, que lo hace en nombre de la sociedad toda. Pero aún si fueran, efectivamente, privados, y pudieran decidir todos sus objetivos de enseñanza, hay ciertos enunciados básicos que hasta los más conservadores entre ellos igualmente pregonan: la formación de ciudadanos con ideas propias, pensantes, críticos, algo sólo denostado por alguna postura ultra oficialista (https://www.lanacion.com.ar/1968830-alejandro-rozitchner-el-pensamiento-critico-es-un-valor-negativo).
Ahora, ¿cómo llevar el debate al aula? Hay una única manera, escuchando todas las voces. Leyendo todos los diarios, valorando todas las opiniones. Pero eso necesita, primero, entender que el debate está en el aula, mucho antes de que lo llevemos. Los adolescentes están expuestos al debate. No querer que se produzca en el aula es simplemente querer, justamente, abortarlo.
Esto tiene, en muchos casos, un objetivo claro. En muchos colegios de gestión privada hay una opinión, llamémosle mayoritaria, más osadamente se podría llamar de clase, respecto de varios temas. Que no sólo incluyen la posición sobre el debate acerca de la legalización de la práctica del aborto en forma segura y gratuita. Van desde una visión de la historia argentina hasta una concepción de la naturalidad de la realidad económica. Pero que hoy muestran en el debate de los pañuelos un punto central.
Dejar ese debate afuera del aula, pretender dejarlo afuera a la fuerza, es en el mejor de los casos lavarse las manos para permitir que esa opinión familiar se naturalice, en otros es defenderla abiertamente. Ocultar un debate es, SIEMPRE, tener una posición sobre él.
En una película de 1995, El Presidente y Miss Wade (The american president), de Rob Reiner, Michael Douglas, interpretando al Presidente de Estados Unidos, dice: "¿Quieren libertad de palabra? Entonces reconozcamos y valoremos a alguien cuyas palabras harían tu sangre hervir, y permitamos que se pare en el centro de la escena para pregonar aquello a lo que te has opuesto toda tu vida... Muéstrenme eso, celebren eso en sus aulas."
Prohibirle al docente llevar un debate es prohibirle la razón de su trabajo. Y es negar la razón fundamental por la que educamos.
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